¿Cuáles son las diferencias entre trabajar en empresa y en investigación? ¿Cómo puede un investigador en ondas gravitacionales trabajar en el FC Barcelona? Hoy entrevistamos a Juan Calderón Bustillo, investigador en el IGFAE experto en ondas gravitacionales, y nos contará su poco-convencional trayectoria profesional.


Hoy entrevistamos a Juan Calderón Bustillo, investigador Ramón y Cajal en el IGFAE (Instituto Galego de Física de Altas Enerxías). Se licenció en la Universidad de Santiago de Compostela y se doctoró en la Universidad de las Islas Baleares bajo la supervisión de Alicia Sintes y Sascha Husa. Su trabajo se centra en la astronomía de ondas gravitacionales, específicamente en la búsqueda e interpretación de agujeros negros y objetos compactos exóticos.

En esta primera parte, abordaremos su trayectoria académica, que le ha llevado desde Melbourne, Estados Unidos y Hong Kong hasta a trabajar en el Barça.

¿Por qué decidiste dedicarte a la investigación?

Fue totalmente aleatorio; una serie de sucesos que se fueron acumulando.

En quinto de carrera tenía decidido que iba a hacer el RFIR (Radiofísico Residente). Pero a principio de curso me notificaron que había una plaza de doctorado abierta en la Universidad de las Islas Baleares para la Formación de Personal Investigador (FPI). En principio, no tenía pensado hacer el doctorado.

Pasó que en quinto yo ya me había hecho la mayoría de las asignaturas (todas optativas) durante el cuarto año. Así que, en febrero, cuando eran los exámenes del primer cuatrimestre, había una serie de exámenes que realmente no necesitaba hacer. En particular, recuerdo que el día del examen de Teoría Cuántica de Campos con Miramontes yo estaba enfermo. Como no me hacía falta ese examen para acabar la carrera y no me gustaba esa asignatura, decidí no ir y me quedé en casa tosiendo y con fiebre. Y como me estaba aburriendo, a las doce y media o una, sabiendo que el plazo para mandar la solicitud del doctorado era a las dos, decidí mandar los papeles por correo. Como en aquella época el expediente académico oficial tenías que solicitarlo presencialmente, y obviamente no me daba tiempo, hice una captura de pantalla y la mandé, pensando en subsanar el error después. Y así fue como pedí la plaza y me la acabaron dando.

Yo no iba a hacer investigación; lo único que sabía era que quería hacer un máster en Cambridge. De hecho, fue una condición que puse para ir a Baleares: que me dejaran ir el primer año a Cambridge con la beca FPI.

Para estudiar física fue algo parecido; entré por casualidad. Al acabar el bachillerato quería estudiar ingeniería aeronáutica. Tenía una nota muy alta, así que no estudié para selectividad porque calculé que con un siete y algo me bastaba. Saqué un 7,8 o 7,9. Recuerdo que no estudié nada que no fuera una hoja de fórmulas de física y dos de matemáticas. Me dio la nota para cualquier carrera de las que me interesaban, y estaba aceptado en aeronáutica en Madrid y en derecho y empresas en A Coruña. Pero no me decidía y se acabaron los plazos para inscribirse. En aquella época, matemáticas, física o biología no tenían límite de plaza ni de plazo, así que en septiembre elegí entre matemáticas o física.

¿Y una vez que entraste en ese camino te gustó y decidiste seguir?

Hice el doctorado después de venir del máster en teoría pura (cuerdas). Me gustaba aquello, pero tenía apalabrado el doctorado en Baleares. Entonces lo pasé bastante mal con el cambio de teoría pura al análisis de datos y ordenadores, junto con una lesión de rodilla que no me dejó disfrutar de la estancia. La verdad es que el doctorado no fue precisamente un gran éxito, pero por suerte me salió un postdoc en Georgia Tech (Estados Unidos, curiosamente el que más me atraía de todos los que había) y ahí empecé a remontar.

Ha sido todo muy aleatorio; si hubiera podido jugar al fútbol, lo habría hecho. Luego vas viendo que te va bien, el estilo de vida mola porque vas a sitios que el resto de la gente no puede ir y, cuando ya eres investigador principal, tú decides lo que haces y lo que no.

¿Cuál ha sido tu mayor reto profesional y cómo lo afrontaste?

Cuando era estudiante de doctorado, quizás publicar mi primer paper. Es algo que, cuando empiezas, no sabes que es lo normal; hay barreras psicológicas similares a meter tu primer gol o ganar tu primera liga. Publicar ese primer paper tarda un par de años, pero psicológicamente es muy importante porque te confirma que puedes hacerlo. Luego, obtener fellowships y proyectos: cosas que afrontas peleando, frustrándote y levantándote. Creo que tengo la ventaja de que entre los 12 y los 18 años fui nadador. Tenía que hacer 9 kilómetros diarios, incluidos los sábados, y eso te da mucha resistencia y fuerza psicológica para cuando un revisor te critica o te rechazan un proyecto. Es cuestión de pelear las cosas hasta que salen, siendo cabezota y no rindiéndote, aunque a veces hay que saber parar y descartar líneas de investigación que no van a ningún lado.

Estuviste como postdoc en Georgia Tech y Melbourne, y luego en Hong Kong como profesor, ¿verdad?

Fui postdoc en Georgia Tech dos años y medio y en Melbourne un año y medio. En Hong Kong era profesor con poca responsabilidad docente, lo que me permitió tener a cargo estudiantes de doctorado y máster sin tener que dar asignaturas. Me cuadró con el COVID y pasé ocho o nueve meses en un hotel de cinco estrellas produciendo como un animal. Puedo garantizarte que he vivido dos o tres años de lo que produje aquel año. A la gente que empezaba el doctorado, el COVID le vino muy mal por la falta de contacto con supervisores, pero yo por aquella época ya era totalmente independiente, tenía mis estudiantes y mis contactos, así que solo tenía que escribir y calcular. Fue un año espectacular.

De Hong Kong vine al IGFAE. A la semana de aterrizar en Hong Kong, me concedieron la beca Junior Leader de la Caixa. Me volví en octubre de 2020. Decidirme fue duro porque en Hong Kong estás un poco como Messi en el Barça. Todo lo que se critica del sistema español no existe allí. Llegas al despacho y, en vez de tener que ponerte a hacer miles de papeleos, tienes en tu mesa un portafolio con todos los papeles hechos y stickers indicando donde hay que firmar para que puedas dedicarte a tu trabajo. Los sistemas de financiación son más motivantes porque pides dinero a título individual y compites directamente contra quien toque. En España depende de cuánta gente se junte para pedir el proyecto y eso motiva menos. Los salarios allí son estratosféricos y los estudiantes son descomunales. Aquí son muy buenos, pero en Hong Kong se suma el componente asiático de querer trabajar constantemente; incluso les echaba broncas por trabajar el fin de semana. Es una universidad top 30 mundial y muchos estudiantes quieren ir allí. Antes de empezar el doctorado, alguno de mis estudiantes ya había firmado varios papers. Cuando vine a Santiago, me ofrecieron volver a Hong Kong con mejores condiciones y fue una decisión dura quedarme aquí.

¿Qué te hizo decantarte por volver a España?

Tenía el plan a largo plazo de irme a la empresa en España. La beca de la Caixa te permite entrar en condiciones óptimas y te deja trabajar de tres a seis meses en una empresa sin que a ellos les cueste dinero. Así es como acabé en el Barça. Fue una experiencia entretenida. Lo que pasa en el Barça y en el 99% de las empresas es que el departamento de Data Science se dedica a construir "pipelines", código y maquinaria en la nube (fontanería), pero luego no explotan los datos. Los mueven de aquí para allá y grafican lo que les pide alguien que no viene del dato, como un fisioterapeuta o alguien de marketing. A mí me dijeron que hiciera lo que quisiera, y ahí ves que en cuanto haces un par de cosas, tienes un impacto terrible porque hay mucho por hacer. En las empresas todo va tan rápido que no tienen tiempo para pararse a pensar; están absorbidos por el desarrollo de herramientas. La investigación te da la capacidad de pasar mucho tiempo pensando cómo hacer las cosas, lo que te aporta una agilidad y unos puntos de vista que en la empresa se notan mucho, además de la capacidad de resolver problemas tú solo.

¿Tuviste otra experiencia fuera de la academia?

Cuando se me acababa la Junior Leader, pedí la Ramón y Cajal, y me la dieron. Sin embargo, podía esperar un año para incorporarme al puesto, así que decidí probar la empresa con la seguridad de que tenía la plaza esperándome. Estuve en una consultora grande llamada Capgemini. Entré para trabajar en marketing, pero acabé trabajando en IA generativa, sanidad y otros temas. Al tener experiencia en investigación, gestión de equipos y presentaciones, rápidamente te ves liderando y teniendo impacto. Sin embargo, pierdes la libertad intelectual de levantarte y decidir qué te apetece hacer ese día; tienes clientes y tienes que cumplir con ellos. Sigo tentado de volver a la empresa, pero ahora que sé cómo funciona, lo haría con más calma.

¿Cuál es tu visión sobre la investigación en física en España?

Creo que se hace mucho contenido y de altísima calidad considerando los recursos que hay. Si coges el impacto partido por euro invertido, somos muy top. El problema es que no se dan las condiciones para competir en volumen con las grandes universidades americanas. Es imposible estar en un top 50 a este ritmo. También es una comparación injusta porque en Estados Unidos esas universidades son privadas y reciben una cantidad de dinero salvaje, mientras que aquí priorizamos la educación pública.


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¡Y hasta aquí la primera parte!

Esperamos que os haya gustado. En breves volvemos con la segunda parte, centrada en preguntas más personales y en su investigación actual.